Presupuestos en rojo… y luego milagro en verde. Otra vez.

El GHI menciona algo que en Ginebra empieza a parecer rutina. El Conseil d’État anunció un déficit de 256 millones para 2025. Meses después, las cuentas apuntan a equilibrio o incluso superávit. No es un caso aislado.

El GHI menciona algo que en Ginebra empieza a parecer rutina. El Conseil d’État anunció un déficit de 256 millones para 2025. Meses después, las cuentas apuntan a equilibrio o incluso superávit. No es un caso aislado. Según las cifras recordadas estos días, desde 2021 no ha habido déficit real: en 2022 hubo un superávit de 727 millones, en 2023 de 1.398 millones y en 2024 de 541 millones. 2025, según las primeras estimaciones, también cerraría en positivo. Ante esta repetición, el Syndicat suisse des services publics SSP ha decidido acudir a la Cour des comptes. Su argumento es claro: si año tras año se anuncian previsiones alarmistas que luego se transforman en excedentes importantes, ya no se trata solo de prudencia presupuestaria. Según el sindicato, estas previsiones a la baja sirven para justificar medidas concretas como la supresión de annuités, la no indexación de salarios o la reducción de subsidios y prestaciones sociales. Las reacciones políticas no se han hecho esperar. Desde el PS se habla de incoherencia, especialmente cuando se recortan subsidios del seguro médico mientras las cuentas terminan en verde. El PLR, por su parte, insiste en que Ginebra sigue siendo el cantón más generoso y también el más gastador, relativizando las acusaciones. Los Verdes recuerdan que, salvo error, no ha habido déficit efectivo desde 2020 y que conviene mirar los datos completos antes de dramatizar. También es cierto que parte de los excedentes no son dinero libre sin más. Una parte se destina a afectaciones específicas y otra a la péréquation intercantonal. Aun así, el debate de fondo sigue siendo legítimo: si las previsiones fiscales fallan sistemáticamente por el mismo lado, algo merece ser revisado. O bien la metodología de estimación es demasiado conservadora, o bien el relato político exagera los riesgos para preparar el terreno a recortes. En un cantón donde los impuestos son elevados y las primas del seguro médico están entre las más altas del país, la coherencia presupuestaria no es un detalle técnico. Es una cuestión de confianza. La responsabilidad financiera es necesaria, pero la transparencia también lo es. Si los números cambian tanto entre previsión y resultado, lo mínimo es explicarlo con claridad y, si hace falta, someterlo a una auditoría independiente. Porque al final no hablamos de cifras abstractas, sino de salarios, subsidios y decisiones que afectan directamente a quienes vivimos y trabajamos en Ginebra. Cuando anuncian recortes porque hay déficit lo puedo entender pero si en realidad hay superávit aqui es una paradoja.