Hay un perfil que aparece con los años: el español que se naturalizó o que lleva mucho tiempo aquí y que adopta un discurso muy duro contra la inmigración o contra los fronterizos. No hablo de debatir con datos. Hablo de la actitud de "ya estamos suficientes" dicha desde alguien que, en su día, también llegó buscando una oportunidad. El debate sobre inmigración en Suiza es legítimo. La presión sobre la vivienda, los salarios en algunos sectores o la saturación de infraestructuras son temas reales. Además, el marco legal y los acuerdos internacionales influyen directamente en los flujos de personas. Analizar eso con rigor es razonable y necesario. Lo que resulta contradictorio es cuando el discurso se convierte en un "yo sí, pero los que vienen ahora no". Muchos de los que hoy critican la llegada de más extranjeros llegaron por las mismas razones: mejores condiciones laborales, estabilidad, seguridad jurídica y calidad de vida. No eran distintos en esencia, simplemente llegaron en otro momento económico. También ocurre con los fronterizos. Se les responsabiliza de presión salarial o de congestión, pero forman parte de un modelo económico que el propio país ha aceptado y estructurado. No son una anomalía improvisada, sino una pieza más del sistema productivo, especialmente en regiones como Ginebra o Ticino. A veces, detrás de ese endurecimiento del discurso hay una necesidad de marcar distancia. De demostrar pertenencia. De señalar que uno ya "no es como los demás". Pero la integración no consiste en desmarcarse de quien llega después, sino en comprender el proceso propio y reconocer que el país evoluciona constantemente. Se puede defender una inmigración regulada y al mismo tiempo mantener coherencia con la propia historia personal. Lo contrario genera una tensión evidente: olvidar el propio recorrido para colocarse en una posición de juez frente a quienes están empezando el suyo. A veces es más fácil señalar a una comunidad concreta que analizar las causas reales de por qué uno no encuentra trabajo. Al final, el debate no es si debe haber más o menos inmigración. El debate es si somos capaces de analizar el fenómeno con equilibrio y memoria. Y eso no depende de los años que lleves aquí ni del pasaporte que tengas, sino de la honestidad con la que miras tu propio pasado.
El español que ya está dentro… y quiere cerrar la puerta
Hay un perfil que aparece con los años: el español que se naturalizó o que lleva mucho tiempo aquí y que adopta un discurso muy duro contra la inmigración o contra los fronterizos. No hablo de debatir con datos.