No suelo hablar de política. Y quien me conoce en el grupo lo sabe. Pero hay frases que no se pueden dejar pasar como si nada, sobre todo cuando vienen envueltas en una mezcla de desconocimiento, egocentrismo y simplificación peligrosa.

No suelo hablar de política. Y quien me conoce en el grupo lo sabe. Pero hay frases que no se pueden dejar pasar como si nada, sobre todo cuando vienen envueltas en una mezcla de desconocimiento, egocentrismo y simplific...

No suelo hablar de política. Y quien me conoce en el grupo lo sabe. Pero hay frases que no se pueden dejar pasar como si nada, sobre todo cuando vienen envueltas en una mezcla de desconocimiento, egocentrismo y simplificación peligrosa. Según Donald Trump, sin Estados Unidos “Suiza ya no sería Suiza”. Así, sin anestesia. Conviene poner un poco de contexto, porque si no, el titular hace más ruido del que debería. Suiza existía como Estado soberano siglos antes de que Estados Unidos apareciera en el mapa. Neutralidad, federalismo, democracia directa, banca, industria, relojería, ciencia, diplomacia… nada de eso nace en Washington. Otra cosa es que a algunos les guste reescribir la historia como si el mundo empezara donde empieza su mandato. ¿Tiene Suiza relaciones económicas importantes con EE. UU.? Claro. ¿Depende de ellas para existir? No. Suiza comercia con medio planeta, negocia con todos y se cuida mucho de no depender en exceso de nadie. Precisamente esa es una de las claves de su estabilidad. Este tipo de declaraciones dicen más del que las hace que del país al que se refieren. Mirar a Suiza como un “satélite” es no haber entendido nada de cómo funciona este país. Ni su historia, ni su sistema político, ni su posición en el mundo. Y por eso no suelo hablar de política. Pero cuando alguien reduce a Suiza a un apéndice de otro país, conviene recordarlo con calma: Suiza es Suiza precisamente porque no es de nadie. Ni siquiera de quien se cree imprescindible. Y no olviden que cuando un presidente confunde Suecia con Suiza mejor no argumentar!