Cuando uno se obstina… pagas más.

Un coche fue medido a 64 km/h. Tras aplicar las correcciones técnicas obligatorias del radar, la velocidad válida quedó en 61 km/h. Límite 60. Multa inicial: 40 francos. Nada excepcional en Suiza.

Un coche fue medido a 64 km/h. Tras aplicar las correcciones técnicas obligatorias del radar, la velocidad válida quedó en 61 km/h. Límite 60. Multa inicial: 40 francos. Nada excepcional en Suiza. Hasta ahí, asunto menor. El conductor alegó que no era él quien conducía. Pidió la foto del radar, aportó incluso una fotografía de su propio rostro para demostrar que el conductor era otra persona. El tribunal cantonal le dio la razón en ese punto y anuló la condena por exceso de velocidad. Pero aquí viene el giro suizo de guion. Como se negó a identificar quién conducía realmente el vehículo, fue sancionado por no colaborar con la autoridad. Otra multa. Y, sobre todo, todos los costes del procedimiento judicial. Resultado final: alrededor de 2600 francos por un caso que empezó con una multa de 40. Tampoco pudo reclamar honorarios por haberse defendido a sí mismo, pese a ser abogado. En Suiza recurrir no es un juego de orgullo. Ganar parcialmente no significa salir indemne. Y llevar un caso “por principio”, sin valorar el impacto económico, suele acabar siendo lo más caro de toda la historia. El artículo completo está en Watson, sobre un caso ocurrido en el Cantón del Jura.