Bernina estudia trasladar parte de su producción a Tailandia

La noticia ha pasado bastante desapercibida, pero dice mucho del momento que vive la industria suiza.

La noticia ha pasado bastante desapercibida, pero dice mucho del momento que vive la industria suiza. La empresa Bernina, uno de los nombres más emblemáticos de las máquinas de coser y un símbolo del “made in Switzerland”, está valorando trasladar parte de su producción a Tailandia. No se habla de cerrar la empresa ni de abandonar Suiza. El centro de desarrollo, la ingeniería y una parte de la producción seguirían aquí. Pero el simple hecho de plantear una deslocalización ya es significativo. Costes de producción elevados, presión internacional y un mercado global cada vez más competitivo pesan más que la tradición. Bernina no es una startup ni una empresa frágil. Es una marca histórica, familiar, con décadas de saber hacer suizo detrás. Si incluso empresas así empiezan a mirar fuera, conviene hacerse preguntas. No solo sobre salarios, sino sobre energía, logística, tipo de cambio, fiscalidad y expectativas de los consumidores. En Suiza seguimos vendiendo la idea de calidad, precisión y fiabilidad, y con razón. Pero el mundo no se detiene. Otros países producen más barato, más rápido y, en muchos casos, con una calidad suficiente para la mayoría del mercado. Esto no es un ataque a Suiza ni una tragedia industrial anunciada. Es más bien una señal. Una más. La industria suiza resiste, pero cada vez lo hace con más equilibrios y menos margen de error. Conviene no mirar estas noticias como algo lejano. Porque cuando una empresa como Bernina duda, no es por capricho. Es porque el contexto ha cambiado. Y bastante.