Más de 5.000 empleados del Aeropuerto de Zúrich han dicho basta. No por los horarios, ni por la presión habitual del sector. Esta vez el enfado viene por algo mucho más básico: el parking para ir a trabajar. La dirección del aeropuerto ha decidido subir las tarifas de aparcamiento para el personal y, además, cambiar las condiciones. En algunos casos hablamos de aumentos de hasta un 30%. A eso se suma un límite de tiempo para dejar el coche aparcado, 36 horas máximo. Para muchos trabajadores con turnos nocturnos, rotativos o partidos, esto es directamente inviable. El problema no es solo el precio. Es el contexto. Muchos de estos empleados no cobran sueldos altos. Algunos rondan los 4.000 francos mensuales. Pagar más de 100 o 130 francos solo por aparcar para poder trabajar no es precisamente un detalle menor. Y menos cuando el transporte público no cubre bien todos los horarios, algo bastante habitual en aeropuertos. Lo que más ha molestado es la sensación de imposición. Sin negociación real. Sin diálogo previo. Y todo esto en un momento en el que el aeropuerto presenta buenos resultados económicos, con beneficios importantes. De ahí la frase que más se repite entre los empleados: nos sentimos abandonados. Varias empresas que operan dentro del aeropuerto incluso se han negado a firmar los nuevos contratos de parking en estas condiciones. El malestar no es puntual ni marginal. Es generalizado. Este caso vuelve a abrir un debate muy suizo, pero que muchos conocemos bien. Hasta qué punto los costes indirectos de trabajar, transporte, parking, horarios imposibles, se comen una parte del salario. Sobre el papel el sueldo puede parecer correcto. En la práctica, la cuenta no siempre sale. No es una huelga. De momento. Pero sí una señal clara de que algo no se ha gestionado bien. Y cuando en Suiza miles de trabajadores protestan por lo mismo, conviene escuchar. Porque aquí, cuando la gente se mueve, rara vez es por capricho.
Actualmente en el aeropuerto de ZH… manifestación!
Más de 5.000 empleados del Aeropuerto de Zúrich han dicho basta. No por los horarios, ni por la presión habitual del sector. Esta vez el enfado viene por algo mucho más básico: el parking para ir a trabajar.