En Suiza no solo se entra en prisión por delitos graves. También se puede acabar entre rejas por no pagar una multa. Y no es algo anecdótico. Según datos recientes, una parte muy importante de las personas que ingresan en prisión lo hacen por penas económicas no pagadas. El sistema es sencillo sobre el papel. Multa o días-multa que no se pagan, se transforman en días de cárcel. El problema aparece cuando quien no paga no es alguien que se niega por capricho, sino alguien que simplemente no puede. Ingresos bajos, situaciones personales complicadas, gente que ya va justa a final de mes. Y aun así, el mecanismo se aplica igual. El resultado es bastante paradójico. Cárceles saturadas por personas que no han cometido delitos violentos. En algunos cantones ya se habla abiertamente de falta de plazas, uso de soluciones provisionales y una presión constante sobre el sistema penitenciario. Todo esto para penas que, en muchos casos, tienen más que ver con la precariedad que con la delincuencia. Aquí se abre el debate incómodo. ¿Tiene sentido meter en prisión a alguien por no poder pagar una multa, cuando mantener a una persona encarcelada cuesta al Estado más dinero que la propia sanción? ¿Es una cuestión de justicia o de castigar la pobreza con otros medios? Los defensores del sistema dicen que sin esta amenaza nadie pagaría las multas. Los críticos responden que se está llenando la cárcel de gente vulnerable sin resolver el problema de fondo. Y mientras tanto, el sistema sigue funcionando como un reloj suizo. Preciso, rígido y sin demasiados matices.
Las cárceles en Suiza se llenan… por multas impagadas
En Suiza no solo se entra en prisión por delitos graves. También se puede acabar entre rejas por no pagar una multa. Y no es algo anecdótico.