Navidad ... Dulce Navidad

Navidad en Suiza no es solo luces bonitas y chocolate caliente. Es todo un ambiente. Y cuando llevas unos años aquí, te das cuenta de que no se vive igual que en España, para bien y para mal.

Navidad en Suiza no es solo luces bonitas y chocolate caliente. Es todo un ambiente. Y cuando llevas unos años aquí, te das cuenta de que no se vive igual que en España, para bien y para mal. Aquí la Navidad empieza pronto. Muy pronto. A finales de noviembre ya están montando los mercados, encendiendo luces y vendiéndote vino caliente como si fuera enero. Los mercados de Navidad son casi una institución. Montreux, Basilea, Zúrich, Ginebra… cada ciudad compite por ser “el más bonito”. Casetas de madera, fondue, raclette, salchichas, olor a canela y frío en las manos. Mucho frío. La Nochebuena, eso sí, es bastante tranquila. No esperes cenas multitudinarias hasta las tantas ni jaleo. Aquí el plato fuerte es el 25. El 24 por la noche se cena temprano, en familia, y muchos locales cierran pronto (o no abren). El 25 todo está cerrado. Todo. Supermercados, tiendas, casi todo. Si no has comprado pan antes, te toca improvisar. Esto no es negociable, es Suiza. Otra diferencia clara: los regalos. Aquí se dan el día 24 o el 25, no el 6 de enero. Papá Noel gana por goleada a los Reyes Magos. Los niños abren regalos cuando todavía estás digiriendo la cena, y el día 26 ya están jugando con todo. El 6 de enero pasa bastante desapercibido, salvo para los que venimos de fuera. Y luego está el silencio. Literal. Navidad en Suiza es calma. Calles vacías, pocos coches, trenes funcionando pero sin el estrés habitual. Para algunos es paz absoluta. Para otros, un choque cultural importante, sobre todo el primer año, cuando echas de menos el ruido, la familia lejos y el jamón. Eso sí, hay algo que Suiza hace muy bien en Navidad: el ambiente. Si nieva, ya es postal. Si no nieva, igual te venden la postal. Luces bien puestas, nada excesivo, todo muy ordenado. Y no olviden ir al mercado y tomar un vino caliente. La Navidad aquí no es mejor ni peor, es distinta. Más tranquila, más organizada, menos caótica. Con los años te acostumbras, mezclas tradiciones y acabas haciendo una fondue (o una raclette) el 25 y un roscón el 6, aunque sea comprado en una pastelería española a precio de oro. Así es la Navidad en Suiza. Fría fuera, pero no necesariamente por dentro. FELIZ NAVIDAD A TODOS!