La fondue no nació como plato nacional (y casi nadie lo sabe)

Seguro que muchos damos por hecho que la fondue ha sido “el plato suizo de toda la vida”. Pues no exactamente.

Seguro que muchos damos por hecho que la fondue ha sido “el plato suizo de toda la vida”. Pues no exactamente. Según un artículo reciente de Blick, la fondue, tal como la conocemos hoy, no era un plato popular en toda Suiza hasta bien entrado el siglo XX. Durante mucho tiempo fue más bien una comida de montaña, práctica y sin glamour. Queso que ya no estaba perfecto, pan duro, un poco de vino… y a calentar el cuerpo después de trabajar en condiciones duras. Lo curioso es que ni siquiera en toda Suiza se comía fondue. En muchas regiones era algo anecdótico o directamente desconocido. Nada de “plato nacional”. ¿Entonces qué pasó? Aquí viene la parte menos romántica y más suiza: organización y marketing. En los años 30, en plena crisis económica, las asociaciones queseras suizas empezaron a promover la fondue de forma activa para aumentar el consumo de queso dentro del país. Y lo hicieron muy bien. Campañas, recetas “oficiales”, mensajes de identidad nacional… y poco a poco la fondue pasó de comida humilde a símbolo suizo. Después de la Segunda Guerra Mundial, el mensaje cuajó del todo. La fondue ya no era solo comida de pastores o de montaña, sino algo que unía regiones, idiomas y cantones. Ideal para un país como Suiza. Así que la próxima vez que alguien diga que la fondue es una tradición milenaria inamovible, podéis responder con calma: sí, es tradición… pero también es estrategia, adaptación y bastante sentido práctico. Muy suizo todo, por cierto.