¿Alguna vez un viaje de vuelta a casa te ha hecho valorar Suiza más de lo que esperabas?

Vas pensando “qué ganas de volver”, “cómo echo de menos esto o aquello”… y sin darte cuenta empiezas a notar detalles. Trenes que llegan a la hora. Trámites que no se eternizan. Calles tranquilas a cualquier hora.

Vas pensando “qué ganas de volver”, “cómo echo de menos esto o aquello”… y sin darte cuenta empiezas a notar detalles. Trenes que llegan a la hora. Trámites que no se eternizan. Calles tranquilas a cualquier hora. Sueldos que, con todos sus peros, suelen cuadrar con el coste de vida. Y cuando regresas a Suiza, deshaces la maleta y piensas: pues igual me he acostumbrado más de lo que creía. No, Suiza no es perfecta. Ni mucho menos. Pero esos viajes cortos a veces sirven de espejo. Te recuerdan no solo lo que dejaste atrás, sino también lo que has ganado. ¿Os ha pasado? ¿Volver a casa os hizo valorar más la vida aquí… o todo lo contrario?