Cada vez que sale el tema del presidente suizo, aparecen las mismas dudas. ¿Quién manda realmente? ¿Por qué cambia cada año? ¿Es solo algo simbólico? La imagen lo resume bastante bien, pero vale la pena explicarlo con palabras normales. En Suiza no hay un jefe de Estado único. El Gobierno está formado por siete personas, el famoso Consejo Federal. Los siete tienen exactamente el mismo poder. No hay uno por encima de los demás. El presidente de la Confederación existe, sí. Pero es lo que aquí llaman “el primero entre iguales”. Se elige por un año, rota entre los consejeros y no gana poderes extra por ello. No firma decretos en solitario ni toma decisiones por su cuenta. Todo sigue siendo colectivo. Su papel es más de coordinación y representación. Preside las reuniones del Consejo Federal, representa a Suiza en el extranjero y en actos oficiales dentro del país… y al mismo tiempo sigue dirigiendo su propio departamento. No deja su trabajo “normal” por ser presidente. Para 2026, por ejemplo, el presidente será Guy Parmelin. Pero eso no significa que vaya a mandar más que los otros seis. Simplemente le tocará llevar el cartel durante un año. Este sistema sorprende mucho a quienes venimos de países donde el presidente o el primer ministro concentra poder real. Aquí se evita precisamente eso. Menos personalismo, menos “hombre fuerte”, más consenso. A veces lento, sí. Pero bastante coherente con la mentalidad suiza. Así que cuando alguien diga “el presidente de Suiza”, conviene matizar. No es un Macron, ni un Sánchez, ni un rey. Es uno de siete. Y solo por un rato.
Suiza no tiene “presidente” como lo entendemos en otros países. Y no, no es un error.
Cada vez que sale el tema del presidente suizo, aparecen las mismas dudas. ¿Quién manda realmente? ¿Por qué cambia cada año? ¿Es solo algo simbólico?