Hoy os traigo una historia muy suiza. Una de esas que te hacen mirar el calendario, el reloj, y hasta el segundero, no vaya a ser que pestañees fuera de plazo. Resulta que en Ginebra una chica ha perdido 2140 francos de paro por… un día de retraso en entregar un documento. Un día. Veinticuatro horas. Y no porque estuviera de vacaciones en Bali, sino por circunstancias normales de la vida que a cualquiera nos pasan. Pero ya sabéis cómo funciona aquí la burocracia: si el sistema dice “antes del martes”, tú lo entregas el lunes o te convierten automáticamente en el ejemplo del mes. Lo gracioso (o trágico, según se mire) es que cuando lees estos casos siempre hay quien salta con el clásico: “pues que hubiera cumplido el plazo”. Claro, como si todos fuéramos robots programados por la administración cantonal. En Suiza, la puntualidad no es una virtud, es un dogma. Y el paro, precisamente, es uno de esos terrenos donde no hay margen ni para respirar fuera de hora. Y ojo: no hablamos de fraude, ni de mala fe, ni de aprovecharse del sistema. Hablamos de que, si te pasas un día, te aplican el castigo entero sin pestañear. Y luego nos preguntamos por qué tanta gente que está en paro aquí vive con el miedo metido en el cuerpo y revisa dos veces cada correo de la ORP/ORP, AWA o lo que toque. Que sí, que las reglas son las reglas. Pero una cosa es tener disciplina y otra perder más de 2000 francos por un simple retraso administrativo. A veces da la sensación de que el sistema prefiere penalizarte para “educarte”, en vez de ayudarte de verdad cuando estás en una situación ya de por sí delicada. En fin, que si estáis en paro en Suiza, revisad todo como si estuvierais desactivando una bomba. Plazos, horas, documentos, formularios… Aquí la burocracia no perdona. Y como os descuidéis un día, ya sabéis lo que pasa: la factura cae. Si alguien en el grupo ha vivido algo parecido, sería interesante que lo compartiera. Seguro que no es un caso aislado!
No se juega con la RAV !
Hoy os traigo una historia muy suiza. Una de esas que te hacen mirar el calendario, el reloj, y hasta el segundero, no vaya a ser que pestañees fuera de plazo.