En el Jura y en buena parte del arco relojero suizo llevan meses repitiendo la misma frase: la cosa se está torciendo. Y no es opinión, es lo que cuentan desde dentro. La industria que durante años fue el símbolo del “estamos blindados” está empezando a enseñar grietas. La receta es conocida. Menos pedidos, stocks que se acumulan, interinos que ya no vuelven y trabajadores fijos a los que les piden “flexibilidad”. En algunas fábricas ya hablan abiertamente de una crisis instalada, no de un bache pasajero. Y eso, en Suiza, siempre suena fuerte. ¿Las causas? Varias. El mercado chino se enfría, los aranceles de Trump, el lujo ya no se vende como antes, y el dólar fuerte tampoco ayuda a las exportaciones. Y claro, cuando los mercados grandes empiezan a temblar, el efecto llega rápido aquí. Conozco gente en La Chaux-de-Fonds que lleva meses con jornada reducida y en el Vallée de Joux más de uno teme que después del invierno lleguen decisiones más duras. Lo curioso es que el discurso oficial sigue siendo prudente, casi optimista. Pero entre los trabajadores la palabra “crisis” ya no se evita. Y sí, hablamos de una industria que para muchos migrantes fue puerta de entrada: precisión, estabilidad, buenos sueldos… Hasta que el reloj se retrasa. En nuestro grupo solemos ver ofertas de relojería que desaparecen rápido o se repiten cada dos semanas. No es casualidad. Cuando un sector se atasca, se nota hasta en los anuncios. No es para alarmar, pero sí para entender que Suiza también tiene ciclos. Incluso en sectores que parecían eternos. Y si el tic-tac pierde ritmo, más vale estar atentos, formarse, y no dar nada por garantizado.
Cuando la romandia pierde ritmo!
En el Jura y en buena parte del arco relojero suizo llevan meses repitiendo la misma frase: la cosa se está torciendo. Y no es opinión, es lo que cuentan desde dentro.