Las ilusiones perdidas de la clase media suiza… o por qué muchos sienten que el bolsillo tiene agujeros

En Suiza hablamos mucho de sueldos altos, de “la calidad de vida”, del país donde todo funciona.

En Suiza hablamos mucho de sueldos altos, de “la calidad de vida”, del país donde todo funciona. Pero cuando rascas un poco, sobretodo entre la clase media, aparece otro discurso: la sensación de que cada mes falta aire, que el dinero se evapora, y que vivir “bien” ya no es tan automático. El ejemplo que daba Le Temps estos días es bastante claro. Una madre sola en Zúrich, salario bruto de 6900 francos a un 70%. Sobre el papel, nada mal. En teoría está en plena clase media suiza, ese 57% de la población que, según la estadística, vive entre el 70% y el 150% del ingreso mediano. Pero en la práctica… no llega holgada. Ni de lejos. Y aquí viene el problema: lo que la ley o la estadística llaman “clase media”, en la vida real puede significar cosas muy distintas. Un solo sueldo para mantener dos hijos en la región de Zúrich no es lo mismo que un sueldo similar en Valais o Appenzell. El precio de la vivienda, de la guardería, de un simple seguro médico o incluso del transporte se come una parte obscena del ingreso. No hace falta vivir como estrella de Instagram para acabar la semana mirando el saldo con resignación. Todos conocemos a alguien así. Y muchos del grupo, seguramente, lo viven en carne propia. Sueldos que suben poco, seguros médicos que suben demasiado, alquileres que suben siempre. Y mientras tanto, la sensación de que si te despistas medio año… te caes. Ese miedo al “declassement”, como dicen aquí: bajar un escalón sin haber hecho nada malo, simplemente porque el coste de la vida va más rápido que tú. A veces me sorprende cuando desde fuera, o incluso desde España, alguien dice: “en Suiza, con 6000 francos eres rico”. Sí, claro. Ven a Zúrich o Ginebra y prueba a pagar guardería, seguro médico, alquiler, transporte, impuestos, y luego hablamos. Aquí la clase media no vive mal, pero vive vigilando cada factura. Y, seamos sinceros, a muchos ya solo les queda el humor para llevarlo. No es por quejarse, es por poner las cosas en su sitio. Suiza funciona, sí, pero también exige. Y la famosa clase media, esa que supuestamente sostiene el país, cada vez siente más que camina sobre hielo fino. En fin, tema interesante y muy suizo. Vale la pena hablarlo. Fuente: artículo de Le Temps del 24.11.2025