A veces Suiza te recuerda que aquí el civismo es casi una religión. En Ginebra, un hombre de 83 años, Edouard, fue multado con 160 francos por escupir en una zanja de obras en la rue de Carouge. No en la acera, no delante de nadie… en el agujero del propio chantier. Los policías, según él “uno joven y uno viejo”, lo pillaron en el acto. Y nada de simple advertencia: le cayó una ordenanza penal por “ensuciar el espacio público”. El hombre, indignado, dice que el espacio público ya está bien “ensuciado” con las obras y los escombros, y que piensa recurrir la multa. La pregunta es inevitable: ¿160 francos por un escupitajo? ¿Exceso de celo o ejemplo de la Suiza más literal? Aquí, hasta un gesto tan mínimo puede costarte caro. Y sí, el mensaje es claro... ni escupir ni tirar una colilla, aunque estés rodeado de barro y hormigón.
Una multa de 160 francos por escupir (sí, has leído bien)
A veces Suiza te recuerda que aquí el civismo es casi una religión. En Ginebra, un hombre de 83 años, Edouard, fue multado con 160 francos por escupir en una zanja de obras en la rue de Carouge.