Acabo de ver El caso Frieda Keller y no he podido quedarme indiferente. Detrás de la película hay una historia real ocurrida en Suiza a principios del siglo XX, y sinceramente, no está nada justo. Frieda Keller, una joven de Thurgau, fue violada por su empleador y más tarde condenada por la muerte de su hijo. En aquella época, ser madre soltera era una vergüenza pública, y el sistema no le dio ninguna salida. Él, su agresor, nunca fue juzgado. Ella sí y condenada a muerte, luego a cadena perpetua. Pasó 15 años en la cárcel aislada y en 1919 con trastornos mentales fue liberada. En 1937 después de unos AVC fue internada y murió en 1942, olvidada. Pero su historia no cayó en saco roto. Años después, el nuevo Código Penal suizo, en vigor desde 1942, justo el año de su muerte, introdujo por primera vez la diferencia entre asesinato, homicidio y homicidio por emoción violenta o compasión. En otras palabras, la ley empezó a reconocer que no todos los crímenes son iguales, y que el contexto importa. Un cambio justo, pero que llegó demasiado tarde para Frieda.
Acabo de ver El caso Frieda Keller y no he podido quedarme indiferente.
Acabo de ver El caso Frieda Keller y no he podido quedarme indiferente. Detrás de la película hay una historia real ocurrida en Suiza a principios del siglo XX, y sinceramente, no está nada justo.