Cuando pensamos en Suiza, muchos imaginan bancos, relojes y chocolate. Pero pocos saben que una parte enorme del comercio mundial de materias primas (petróleo, gas, cereales, metales o café) pasa por oficinas situadas aquí, en plena orilla del lago Léman o en discretos edificios de Zug. Empresas como Glencore, Vitol, Gunvor o Mercuria (todas con sede en Suiza) mueven cada año más dinero que el PIB de muchos países. Lo curioso es que gran parte de ese negocio no implica fábricas, ni minas, ni barcos con bandera suiza. A menudo basta con una oficina, una dirección fiscal y una red de contactos global. Se calcula que una cuarta parte de las materias primas del mundo se comercializan desde Suiza. Ginebra es el centro del petróleo y los cereales, Zug domina los metales y el carbón. Este sector emplea directamente a unas 10.000 personas, pero su influencia sobre la economía y la política suizas es inmensa. ¿Por qué aquí? Porque Suiza ofrece estabilidad, baja fiscalidad, discreción y una red bancaria eficiente. Pero también porque nadie hace demasiadas preguntas. Y eso explica por qué este pequeño país sin recursos naturales se ha convertido en uno de los grandes brokers del planeta. Quizá no haya pozos de petróleo en el Jura ni minas de cobre en los Alpes, pero buena parte del dinero que sale de ellos acaba, curiosamente, en cuentas con código postal suizo.
El otro secreto de la riqueza suiza: el negocio invisible de las materias primas
Cuando pensamos en Suiza, muchos imaginan bancos, relojes y chocolate. Pero pocos saben que una parte enorme del comercio mundial de materias primas (petróleo, gas, cereales, metales o café) pasa por oficinas situadas aq...