150 años del Tribunal Supremo Federal de Suiza: el árbitro final de la justicia helvética

Este año el Tribunal Federal Suizo (el “TF”, para los amigos de los procedimientos) cumple 150 años.

Este año el Tribunal Federal Suizo (el “TF”, para los amigos de los procedimientos) cumple 150 años. Y no es poca cosa: desde 1875 es la máxima instancia judicial del país, la que tiene la última palabra cuando los cantones o la Confederación no se ponen de acuerdo… o cuando un ciudadano siente que sus derechos fundamentales han sido vulnerados. Está en Lausana, en un edificio que impone respeto solo con verlo: columnas, banderas cantonales y la inscripción en latín “Lex iustitia pax” (ley, justicia, paz). No es casual. Resume bastante bien la filosofía suiza: sin ley, no hay justicia, y sin justicia, no hay paz. Lo curioso del TF es que, aunque sea el más alto tribunal, no puede declarar inconstitucional una ley federal. En Suiza, el Parlamento es soberano. El tribunal puede interpretar, pero no anular una ley. Y eso forma parte del equilibrio entre democracia directa y Estado de derecho que caracteriza al país: al final, la “última instancia” es el pueblo en las urnas. Cada año el TF recibe unos 8'000 casos, desde recursos por decisiones administrativas hasta conflictos de trabajo o de inmigración. Pero sólo acepta los que plantean una cuestión de derecho importante: si el cantón te multó por aparcar mal, no esperes que Lausana te escuche. Lo que sí hace muy bien es mantener una coherencia jurídica entre los 26 cantones. En un país con cuatro idiomas y tantas diferencias culturales, eso es todo un arte. Así que sí, 150 años después, el Tribunal Federal sigue siendo uno de los pilares más sólidos de la democracia suiza. No es perfecto, pero sin él, este rompecabezas de 26 mini-repúblicas sería ingobernable.