En 1939, cuando la Guerra Civil española terminó y las tropas de Franco entraron en Barcelona, casi medio millón de españoles huyeron hacia Francia. Era el inicio del exilio, conocido como La Retirada. Mujeres, niños, ancianos, soldados derrotados… cruzaron los Pirineos buscando refugio, y lo que encontraron fueron campos de concentración en la costa francesa: Argelès, Rivesaltes, Saint-Cyprien… un infierno de frío, hambre y enfermedad. Y fue entonces cuando apareció Elisabeth Eidenbenz, una joven maestra suiza de 25 años. Llegó como voluntaria de la Ayuda Suiza a los Niños de la Guerra y, al ver el sufrimiento de las mujeres embarazadas españolas, decidió actuar. Convirtió un viejo castillo cerca de Perpiñán en la Maternidad de Elne, un lugar donde las madres refugiadas podían dar a luz en paz y dignidad. Entre 1939 y 1944 nacieron allí más de 400 bebés de madres españolas y, más tarde, también de mujeres judías que escapaban del nazismo. Elisabeth desafió órdenes, mintió a los alemanes y escondió a quienes estaban condenadas, todo para salvar vidas. Después de la guerra, volvió a Suiza discretamente, sin buscar reconocimiento. Solo muchos años después se le agradeció lo que hizo: Francia la condecoró con la Legión de Honor y el Estado de Israel la declaró Justa entre las Naciones. Hoy, cuando hablamos de emigración y de fronteras, conviene recordar que una suiza fue quien tendió la mano a los españoles cuando nadie más lo hizo. Una historia que no sale mucho en los libros, pero que merece ser contada.
Cuando una suiza salvó a cientos de españoles
En 1939, cuando la Guerra Civil española terminó y las tropas de Franco entraron en Barcelona, casi medio millón de españoles huyeron hacia Francia. Era el inicio del exilio, conocido como La Retirada.