En Suiza acaba de salir a la luz un caso que huele mal. Muy mal. Una mujer de Macedonia del Norte, casada con un suizo desde hace 15 años, presentó su solicitud de ciudadanía con todas las referencias necesarias: cartas de amigos suizos que confirmaban su integración. El problema: el Servicio Federal de Migración (SEM) rechazó las cartas porque las firmaban suizos naturalizados… con nombres extranjeros. Es decir, para el SEM esos suizos no eran lo bastante “auténticos” como para servir de referencia. Una diputada suiza ha llevado el caso al Parlamento denunciando que esto crea una ciudadanía de primera (los suizos “de sangre”) y otra de segunda (los suizos “por papel”), algo totalmente contrario a la Constitución. Y lo peor es que no es un hecho aislado. En algunos municipios ya se han denunciado votaciones de naturalización donde se rechaza más fácilmente a personas con nombres de origen balcánico o turco, aunque hablen perfectamente el idioma y trabajen aquí desde años. Esto plantea una pregunta seria: ¿qué valor tiene ser ciudadano suizo si, incluso con pasaporte rojo, sigues siendo tratado como “invitado”? Porque si ser suizo no depende de cumplir la ley, integrarte y contribuir, sino de cómo te llamas o de quién fue tu abuelo… entonces la neutralidad suiza queda bastante en entredicho.
“Ciudadanos de primera y de segunda”: el escándalo en las naturalizaciones suizas
En Suiza acaba de salir a la luz un caso que huele mal. Muy mal. Una mujer de Macedonia del Norte, casada con un suizo desde hace 15 años, presentó su solicitud de ciudadanía con todas las referencias necesarias: cartas...