En Suiza no te lo ponen en bandeja

A veces se idealiza demasiado lo de venir a Suiza: buen trabajo, buen sueldo, piso bonito… como si al llegar todo viniera envuelto y listo para estrenar. La realidad es bien distinta.

A veces se idealiza demasiado lo de venir a Suiza: buen trabajo, buen sueldo, piso bonito… como si al llegar todo viniera envuelto y listo para estrenar. La realidad es bien distinta. En ciudades como Zúrich o Ginebra hay trabajo, sí, pero también muchísima gente detrás de lo mismo. Y con la vivienda… no os engaño, es probablemente el primer muro. Conseguir un piso nada más llegar es casi imposible. La mayoría empieza en habitaciones compartidas, en alojamientos temporales o viviendo bastante lejos del trabajo. No es lo que sueñas, pero es lo que hay al principio. Aquí nadie te regala nada. Lo que se consigue, se consigue a base de esfuerzo, renuncias y paciencia. Muchos hemos pasado por esa etapa inicial de sacrificios: aceptar lo que toca aunque no sea cómodo, trabajar más de lo que pensabas, adaptarte sin que nadie te allane el camino. La buena noticia es que Suiza premia la constancia. Si no esperas facilidades inmediatas y vienes con ganas de luchar, encontrarás tu sitio. Pero si esperas que te lo sirvan todo hecho… este país puede darte una bofetada de realidad muy pronto. Lo digo con respeto. Aquí nada viene en bandeja, pero si te lo curras, vale la pena.