En Suiza no basta con votar cada cuatro años y olvidarse. Aquí la gente tiene cita en las urnas cuatro veces al año. Sí, cuatro. Como quien va al dentista, pero para decidir el rumbo del país. La próxima es el 28 de septiembre. Ese domingo, los suizos (y los extranjeros con derecho en algunos cantones y comunas) tendrán la papeleta en la mano para pronunciarse sobre varios temas. No hablamos solo de grandes debates nacionales: también hay iniciativas cantonales e incluso comunales. Lo interesante es que aquí no se deja todo en manos de los políticos. Si un grupo de ciudadanos junta 100.000 firmas, puede lanzar una iniciativa popular y poner un cambio constitucional sobre la mesa. Y con 50.000 firmas, se puede forzar un referéndum contra una ley aprobada por el Parlamento. Eso hace que en un mismo día la gente vote sobre impuestos, vivienda, medio ambiente o hasta si los patos tienen derecho a más espacio en los estanques (no es broma, ya se ha votado de todo). A veces el resultado sorprende, otras frustra, pero lo que no cambia es la sensación de que aquí la voz del ciudadano pesa. ¿Es perfecto? No. Muchos critican que la participación no siempre es alta, que las campañas son dominadas por los que tienen dinero para hacer ruido, y que a veces se vota con más corazón que cabeza. Pero aún así, es un sistema único que obliga a estar despierto y que hace de Suiza un país donde el debate político es parte del día a día. El 28 de septiembre veremos otra vez cómo funciona esta maquinaria. Y aunque no nos guste el resultado de alguna papeleta, hay algo que reconocer: en Suiza, el pueblo habla varias veces al año… y se le escucha.
Democracia directa: cuatro veces al año los suizos deciden (y los extranjeros)
En Suiza no basta con votar cada cuatro años y olvidarse. Aquí la gente tiene cita en las urnas cuatro veces al año. Sí, cuatro. Como quien va al dentista, pero para decidir el rumbo del país.