En Suiza el servicio militar no es una reliquia del pasado, sigue muy vivo. Todo chico suizo recibe la carta a los 18 años para la famosa “revisión”. Allí deciden si está en forma para vestir el uniforme o si pasa al plan B. Si eres declarado apto, te toca la escuela de reclutas, unas 18-21 semanas intensas. Después no se acaba la historia: cada año o cada dos tienes que volver unas semanas, hasta completar los famosos 245 días de servicio. Vamos, que te acompaña hasta los 30 (y a veces hasta los 34). Las chicas, en cambio, no están obligadas, pero si se presentan voluntarias tienen exactamente las mismas condiciones. Quien no quiera hacer la mili puede optar por el servicio civil: trabajar en hospitales, ONGs, medio ambiente... La pega es que dura más, un 50% más de tiempo que el militar. O sea, no es gratis decir “yo no quiero armas”. Y si no haces ni uno ni otro, llega el turno del impuesto militar: un 3% de tus ingresos al año hasta los 37. Un recordatorio muy suizo de que “el deber ciudadano” siempre se paga de una forma u otra. Lo curioso es que, en la práctica, el ejército suizo se nota en la vida diaria: compañeros que desaparecen unas semanas porque “están de servicio”, estudiantes que paran los estudios para hacer la escuela de reclutas, y familias que aún tienen el uniforme (y a veces el fusil) guardado en el armario. En resumen: en Suiza la mili no es solo cuestión de soldados, es parte del sistema. Y si no entras en la rueda, tu bolsillo se encarga de recordártelo.
El servicio militar en Suiza: entre obligación, tradición e impuesto
En Suiza el servicio militar no es una reliquia del pasado, sigue muy vivo. Todo chico suizo recibe la carta a los 18 años para la famosa “revisión”.