El tema del salario en Suiza es casi un tabú, y quien lleva un tiempo aquí lo habrá notado. Puedes hablar de política, religión o incluso de si la fondue lleva kirsch o no, pero preguntar a un compañero cuánto gana suele ser como soltar un pedo en un ascensor: todo el mundo se queda incómodo. En parte se entiende. Suiza es un país donde la discreción se valora casi tanto como la puntualidad de los trenes. Hablar de dinero se percibe como indiscreto, hasta maleducado. Y eso que, curiosamente, los suizos han votado en referéndum salarios mínimos en algunos cantones y discuten sin tapujos sobre jubilaciones, rentas básicas o subsidios. Pero en lo personal, en la oficina o entre amigos, el sueldo es terreno prohibido. Este silencio no es inocente. Muchas empresas se benefician de esa opacidad: mientras los empleados no comparen, es más fácil mantener diferencias salariales, incluso dentro de un mismo equipo. Para los extranjeros recién llegados, esto puede ser un verdadero problema: ¿cómo negociar un sueldo justo si nadie te dice cuánto debería ser lo normal? Te fías de páginas web, rumores de pasillo o de los famosos “13 salarios” que en realidad no son un regalo, sino tu sueldo anual dividido distinto. En Ginebra, por ejemplo, el salario mínimo está en 24 francos la hora, pero he visto gente aceptar contratos de 20 porque “no sabían”. Y claro, como nadie habla de su nómina, la información circula a medias, y los más vulnerables suelen ser los que pierden. Quizás habría que normalizar un poco más la transparencia. No se trata de ir por ahí con el extracto bancario en la frente, pero sí de compartir datos fiables para que no nos vendan la moto. Porque el tabú del salario, al final, protege más a las empresas que a los trabajadores. ¿Lo habéis notado también vosotros? ¿Tenéis la sensación de que aquí hablar de sueldos es como romper un código no escrito?
El gran tabú en Suiza: hablar de sueldos
El tema del salario en Suiza es casi un tabú, y quien lleva un tiempo aquí lo habrá notado.