Guillermo Tell: el suizo que dijo "no" y acabó disparando a una manzana

Seguramente te suena el nombre de Guillaume Tell (o Guillermo Tell, como le decimos en español). El tipo de la ballesta, la manzana en la cabeza de su hijo y el tiro más tenso de la historia suiza.

Seguramente te suena el nombre de Guillaume Tell (o Guillermo Tell, como le decimos en español). El tipo de la ballesta, la manzana en la cabeza de su hijo y el tiro más tenso de la historia suiza. Pero… ¿cuánto hay de verdad en todo eso? La leyenda dice que en el siglo XIV, en Uri, un gobernador austriaco (sí, Suiza estaba bajo los Habsburgo en esa época) exigía que todo el mundo se inclinara ante su sombrero colocado en una estaca. Guillermo se negó. Lo arrestaron. Y como castigo ejemplar, le obligaron a disparar una flecha a una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo. Acierta. Pero tenía preparada una segunda flecha “por si acaso”. Y no era para la fruta. Era para el gobernador. Vamos, un suizo de los que no tragaban con cualquier cosa. ¿Y qué pasó luego? Según la historia, Tell escapó, mató al tirano y encendió la chispa de la rebelión que acabaría en la independencia de Suiza. Todo muy épico. ¿El problema? Que no hay ni una sola prueba histórica de que haya existido realmente. Cero. Nada. Pero eso no ha impedido que se convierta en símbolo nacional. Durante siglos, sobre todo en el siglo XIX cuando se creó la Suiza moderna, Tell fue una especie de "padre de la patria" que representaba la resistencia, la libertad y la identidad suiza frente a cualquier dominación externa. Una especie de mezcla entre Braveheart y el Cid, pero con reloj de cuco. Hoy en día puedes encontrarlo: En estatuas (como la de Altdorf, cantón de Uri), En la ópera de Rossini, cuya obertura seguro te suena de algún anuncio o dibujo animado, En calles, escuelas y hasta ferrys que llevan su nombre. ¿Conclusión? No sabemos si existió o no, pero da igual. Guillermo Tell representa esa Suiza que, aunque pequeña, no se deja pisar. Que prefiere jugársela con una ballesta antes que agachar la cabeza. Y, sinceramente, en estos tiempos… no viene mal recordar que decir "no" también es parte de la historia.