¿Sabías que en Suiza hay un “rey” que conquista terrenos por unos cientos de francos… y pide que le pongan su nombre a la calle?

No es broma. Se llama Jonas Lauwiner, vive en Zug, trabaja como informático, y en su tiempo libre ha decidido fundar su propio país: el “Königreich Schweiz”, o sea, el Reino de Suiza versión low-cost y sin IVA.

No es broma. Se llama Jonas Lauwiner, vive en Zug, trabaja como informático, y en su tiempo libre ha decidido fundar su propio país: el “Königreich Schweiz”, o sea, el Reino de Suiza versión low-cost y sin IVA. No tiene castillo, pero ya ha “conquistado” 149 parcelas repartidas por todo el país. Y lo mejor de todo: legalmente. ¿Cómo lo hace? Fácil, suizo y perfectamente legal: Se pasa horas mirando los registros catastrales hasta dar con terrenos abandonados o sin propietario claro. Cuando encuentra uno, solicita que se le reconozca como dueño legítimo. ¿Precio? A veces solo unos cientos de francos en tasas administrativas. Lo que tú te gastas en tres bolsas de Coop, él lo invierte en su reino. Luego declara esas parcelas como “territorio independiente”, les planta su escudo (que parece sacado de una web de 2003) y listo: una nueva colonia del Reino de Lauwiner. ¿Y qué pasa cuando la comuna quiere recuperar el terreno? Pues a pagar, majestad. En un pueblo del cantón de Lucerna, Jonas se hizo con una pequeña calle, la “Rosenweg”. La comuna, lógicamente, la quiere de vuelta para que vuelva a ser pública. Pero el rey Jonas no suelta nada gratis. Pide una compensación de hasta 150.000 francos. ¿Y si no? Que renombren la calle como “Lauwinerweg”, en su honor. Así, con dos narices y un toque medieval. ¿Y las autoridades? Lo observan entre el fastidio y el "bueno, técnicamente no está haciendo nada ilegal... todavía". Algunos municipios ya han bloqueado sus intentos de construir. Pero él sigue, tranquilo, ampliando su imperio una parcelita por aqui otra por alla. ¿Y tú mientras tanto? Estás rogando que te acepten para un piso de 1.5 piezas con cocina en el rellano, te exigen contrato fijo, 3 nóminas y test de ADN para alquilar una habitación, y Jonas, sin despeinarse, se apropia de calles y pide que le pongan su nombre. Moraleja: En Suiza, si entiendes cómo funciona el sistema, puedes construir un reino por tramos. Si eres inmigrante sin contrato registrado, ni el buzón te ponen. Y si dices que no quieres pagar impuestos… bueno, mejor que lo digas vestido de rey, parece que cuela más.