Una de las cosas que descubres relativamente pronto al vivir en Suiza es que las multas no funcionan igual que en España. No solo son frecuentes y se cobran con eficiencia casi suiza, sino que en determinados casos su importe se calcula en función de los ingresos del infractor. El resultado son cifras que parecen exageradas hasta que entiendes la lógica detrás.
El sistema se llama "Tagessatz" en alemán, o "taux journalier" en francés, y se aplica en el ámbito del derecho penal suizo, no en las infracciones administrativas menores. Cuando una infracción de tráfico supera ciertos umbrales de gravedad, deja de ser una multa administrativa y se convierte en una sanción penal. En ese momento, el tribunal o el ministerio fiscal calcula el importe multiplicando un número de "días de multa" (que refleja la gravedad de la conducta) por la renta neta diaria del condenado. Si ganas 9.000 francos al mes, tu renta diaria es de aproximadamente 300 francos. Treinta días de multa son entonces 9.000 francos. Por eso aquella noticia sobre el ejecutivo al que pusieron 300.000 francos por exceso de velocidad no era un bulo: era el sistema funcionando exactamente como está diseñado.
La pregunta práctica es cuándo se cruza esa frontera entre infracción administrativa y penal. Para el exceso de velocidad, los umbrales están fijados en el Código de la Vía Pública: superar el límite en más de 30 km/h en zonas de 30 o 50, en más de 40 km/h en vías de 80, o en más de 50 km/h en autopista convierte la infracción en una falta grave, clasificada como "délit" y perseguida penalmente. A partir de ahí, el Tagessatz entra en escena. Por debajo de esos umbrales, la multa es fija y no depende de los ingresos.
Lo que conviene saber es que los radares suizos son fijos, móviles y cada vez más numerosos, y los plazos para tramitar y cobrar las multas son estrictos. Si recibes una notificación por correo, ignorarla no hace que desaparezca: el sistema de persecución de deudas (poursuite) en Suiza es eficaz y tiene consecuencias sobre el crédito y el extracto del registro de deudas, que muchos propietarios y empleadores consultan antes de firmar nada contigo.