Hay miles de españoles en Suiza que llevan 10, 15, 20 años aquí y nunca se han planteado seriamente la naturalización. Algunos porque no saben que pueden pedirla, otros porque asumen que pierden la española. Ninguno de los dos argumentos se sostiene si se mira con detalle.
El requisito base es claro: diez años de residencia efectiva en Suiza y titularidad de un permiso C. El proceso se inicia ante la comuna de residencia, pasa por el cantón y termina con la Confederación. Cada cantón fija además sus propios criterios de permanencia mínima en su territorio, generalmente entre dos y cinco años. Algunos, como Ginebra o Zurich, son costosos en tasas y lentos en plazos. Otros, en cantones más pequeños, pueden resolverse en menos tiempo si los criterios de integración se cumplen bien. El nivel de idioma exigido es B1 oral y A2 escrito en la lengua local del cantón: francés, alemán o italiano. Nada fuera de lo razonable para quien lleva años viviendo y trabajando aquí.
Sobre la nacionalidad española: España permite la doble nacionalidad, así que no hay que renunciar a nada. Pero hay una trampa que muy poca gente conoce. El Código Civil español establece que si un ciudadano español mayor de edad residente en el extranjero adquiere otra nacionalidad, pierde la española automáticamente salvo que, en un plazo máximo de tres años desde la adquisición, haga una declaración expresa de conservación ante el Consulado. No es complicado: se trata de firmar un acta presencialmente en el Consulado de España en Berna o en el Consulado General de Ginebra. Pero si no se hace, se pierde. Y hay gente que lleva años con pasaporte suizo y ha perdido el español sin saberlo.
Si llevas el tiempo suficiente y el permiso C en el bolsillo, infórmate en tu comune. Los plazos son largos, la burocracia es real, pero el resultado es sólido: pasaporte de un país que no depende de ningún acuerdo bilateral para garantizarte el derecho a quedarte.