Desde hace unos días, la refinería de Cressier, en el cantón de Neuchâtel, está parada por una avería técnica. El problema es que es la única refinería del país. Produce algo más del 30% de los carburantes que consume Suiza. Sin ella funcionando, el margen se estrecha rápido.
Para compensar, la Confederación autorizó ayer el acceso a las reservas obligatorias de gasolina y diésel. En total, 60.000 metros cúbicos durante doce días, del 8 al 20 de septiembre. Suena a mucho, pero representa menos del 3% de las reservas totales, que están pensadas para cubrir cuatro meses y medio de consumo. El sistema funciona: hay reservas precisamente para esto.
Lo que complica un poco más la situación es el nivel del Rin, que sigue bajo tras el verano más caluroso en 162 años. El transporte fluvial es una de las vías de aprovisionamiento alternativas, y con el río bajo, compensar la pérdida de producción de Cressier es más lento de lo habitual. Se espera que la refinería vuelva a funcionar a mediados de septiembre.
De momento, no hay alerta de desabastecimiento en las gasolineras, y el queroseno y el mazut no están afectados. Pero es el tipo de noticia que recuerda que Suiza, con toda su eficiencia, depende de una sola refinería para un tercio de sus carburantes. La teoría es muy bonita hasta que la única planta tiene una avería.