El 3 de septiembre, las autoridades de Appenzell-Ausserrhoden emitieron un comunicado oficial: acceso peatonal cerrado en ciertas zonas del Säntis por riesgo elevado de desprendimiento de rocas. El volumen de masa rocosa inestable en la cara norte de la montaña se estima en entre 10.000 y 15.000 metros cúbicos. La carretera que pasa por la zona sigue abierta a coches y bicicletas porque, según el comunicado, "el tiempo de exposición al peligro es considerablemente menor" para quienes van en vehículo. En Suiza, hasta los criterios de cierre de una montaña que puede desmoronarse están perfectamente calibrados.
Lo que tiene cierta ironía es que la cara norte del Säntis es exactamente el lugar donde cada 1 de agosto se cuelga la bandera suiza más grande del mundo para celebrar el día nacional. Este año salió bien. Que no cuenten con el mismo escenario en 2027 si la roca sigue moviéndose.
El Säntis no está solo. Cerca de Zermatt, el glaciar del Weisshorn, a 4.505 metros de altitud, también está en riesgo de derrumbe y las autoridades de Randa han alertado a sus residentes. En el Oberland bernés, la formación rocosa Spitze Stei, en los alrededores de Kandersteg, podría caer al valle. Markus Stoffel, especialista en riesgos de montaña de la Universidad de Ginebra, lo explica sin rodeos: el permafrost que se descongela, la nieve que desaparece y los glaciares que se derriten están desestabilizando montañas enteras, con desprendimientos cada vez más frecuentes. La temporada de excursiones de otoño llega en buen momento para revisar qué rutas están realmente abiertas antes de salir.