Cuando llegas a Suiza con hijos adolescentes, hay un momento que descoloca a casi todos los padres españoles. Tu hijo tiene 15 o 16 años, se acerca el final de la escuela obligatoria, y el orientador te explica que tiene dos caminos: el Gymnasium, que prepara para la universidad, o el aprendizaje, la formación profesional dual. Y añade, con total normalidad, que la mayoría de los jóvenes suizos eligen el aprendizaje. Que es perfectamente normal. Que no es ningún fracaso.
Para alguien que viene de España, donde la presión para ir a la universidad es casi un valor cultural en sí mismo, esto resulta chocante al principio. Aquí el 65-70% de los jóvenes suizos hacen un aprendizaje, en francés "apprentissage", en alemán "Berufslehre". Pasan tres o cuatro años combinando práctica en una empresa real con clases teóricas en una escuela profesional. Al final obtienen un CFC, el Certificado Federal de Capacidad, que tiene reconocimiento real en el mercado laboral. Y pueden seguir estudiando si quieren, a través de la maturidad profesional, que da acceso a las Escuelas Politécnicas Federales y a las Altas Escuelas Especializadas.
Lo que explica la baja tasa de desempleo juvenil en Suiza no es magia. Es que el sistema consigue que la gran mayoría de los jóvenes que terminan la escuela tengan ya un pie en el mercado laboral, y la empresa donde hacen el aprendizaje a menudo los contrata después. Para los padres españoles con hijos en edad escolar aquí, es una decisión que vale la pena entender de verdad antes de descartarla por reflejo.