No te acuerdas exactamente de cuándo empezó. Un día llamas a alguien con cinco minutos de retraso y te sientes mal, no por el retraso en sí, sino porque no habías avisado antes. Otro día estás de vacaciones en España y entras en una tienda que pone que abre a las 10, son las 10 pasadas y todavía están abriendo, y te genera una incomodidad que antes simplemente no tenías. Eso no existía en ti hace unos años.
Luego está lo de los precios. Llevas tanto tiempo calculando en francos que cuando en España ves algo que parece barato, lo primero que haces es convertirlo mentalmente para ver si "realmente" es barato. O lo contrario: en el súper de tu pueblo ves la cuenta del carrito y piensas que en Suiza eso habrían sido 80 francos sin esfuerzo, y te alegras, aunque en el fondo ya no sabes muy bien de qué. Y cuando te sientas en una terraza y el café cuesta 1,50, sigues sin acabar de creértelo.
Hay cosas más pequeñas. Ya no haces ruido después de las 22h sin pensar en ello. En el tren guardas silencio aunque el vagón esté lleno y conozcas a alguien. Cuando hay una cola, te pones detrás y esperas. Y cuando vuelves a España de visita y te preguntan "¿y cuándo volvéis?", tardas un segundo antes de responder, porque ya no tienes del todo claro que el verbo correcto sea "volver".
Nadie te enseñó estas cosas. Suiza te las fue pasando de contrabando, con el tiempo, y tú las fuiste aceptando sin darte cuenta. Que cada uno saque sus propias conclusiones.