El viernes pasado, un euro llegó a costar temporalmente 0,9405 francos suizos, el nivel más alto desde agosto de 2025. En marzo, cuando comenzó el conflicto en Irán, comprar un euro costaba menos de 90 céntimos. Desde entonces, el franco no ha parado de perder terreno. Quienes volvieron de España estas últimas semanas y pagaron con tarjeta lo notaron en la práctica: el mismo salario en francos da menos euros que el año pasado. No es que España haya subido todo, es que el cambio juega en contra.
El motivo principal es técnico pero bastante concreto: la diferencia de tipos de interés entre Suiza y la zona euro. La Unión Europea tiene su tipo director al 2,25% y podría subirlo de nuevo en septiembre. El Banco Nacional Suizo, con Martin Schlegel al frente, mantiene una política de tipos cercanos a cero y no tiene previsto cambiarla antes de 2027 o 2028. Con esa diferencia, los mercados prefieren el euro. El franco, que históricamente se aprecia en momentos de crisis como valor refugio, pierde atractivo cuando las tensiones geopolíticas se calman.
Para los españoles que vivimos en Suiza, el impacto es bastante directo. Si mandas dinero a España regularmente, este año te cuesta más francos hacer la misma transferencia. Si tienes gastos fijos en euros (hipoteca, familia, seguro de coche en España), lo mismo. Los frontaleros que cobran en francos y gastan en euros en Francia lo notan cada mes sin que nadie se lo explique. Y los que pasaron el verano en España y pagaron las cenas o la gasolina con la tarjeta suiza, ya saben de qué va. La única perspectiva positiva es para los exportadores suizos, que venden en euros y ahora les entra más dinero. Pero eso ya es otro debate.