Un jubilado de 68 años con artritis en las rodillas y los hombros llevaba años pidiendo a los cajeros del Migros de San Galo que le pasaran los artículos después de escanearlos. Sin problema hasta ese día. Esa mañana, la cajera se negó. Él insistió. Ella lo reprendió mientras una cola se formaba. Y él le dijo, con mucho tacto y finura, que se callara. Treinta segundos después, el servicio de seguridad lo acompañó a un despacho y le comunicó que quedaba vetado de todas las sucursales Migros de Suiza oriental durante cinco años. Más una multa de 200 francos.
El "Hausverbot" es una figura perfectamente legal en Suiza. Cualquier establecimiento privado puede prohibir la entrada a una persona por motivos de comportamiento, sin intervención judicial y sin plazo mínimo ni máximo establecido por ley. No es una amenaza ni una metáfora: te hacen firmar un documento, y si vuelves, pueden llamar a la policía por violación de domicilio. Migros, Coop, centros comerciales y algunos espacios públicos privados lo aplican. El carnet de socio de Migros no te protege.
El hombre considera la sanción "totalmente desproporcionada" y ha pedido que se revise el caso. Migros se niega: alega que ya tenía antecedentes de comportamientos irrespetuosos con el personal. Y eso cambia un poco el enfoque de la historia, porque un veto de cinco años por un insulto puntual puede parecer exagerado, pero si hay expediente previo, la cosa es diferente. El cliente nunca sabe lo que la empresa lleva registrando.
Hay quien dirá que el personal de caja merece un respeto que no admite excepciones. Y hay quien dirá que cinco años de veto a un jubilado con artritis por decirle a una cajera que se callara es una respuesta desmedida. Las más de 260 personas que comentaron la noticia en 20min no se pusieron de acuerdo. Y eso ya dice bastante.