Hay gente que lleva una doble vida bastante agitada. Este señor, 31 años, trabajaba como profesor en una Hochschule de la región de Zúrich. Ese era el lado visible. El otro lo conoció esta semana el tribunal de Dietikon, que lo condenó en ausencia, por segunda vez sin presentarse, a un año de cárcel con suspensión de la pena.
El asunto de los seguros merece contarse. En 2024 llamó a Zurich Insurance y les comunicó que le habían robado bicicletas eléctricas en casa. Adjuntó contratos de compra falsificados por él mismo, por 8.000 y 12.000 francos. La compañía se olió algo y no pagó. Menos atento había sido Helvetia: le había transferido 6.200 y 8.800 francos por bicicletas igualmente inexistentes en años anteriores. Total cobrado: unos 15.000 francos. Intento fallido con Zurich: otros 20.000.
A todo eso hay que sumar dos delitos de hooliganismo en el Letzigrund durante partidos del FCZ, torcha encendida en la tribuna y cara tapada pese a la prohibición. Ya tenía dos condenas previas por asuntos distintos.
La jueza no se anduvo con rodeos: los remordimientos expresados durante la instrucción "no le beneficiarán dado que no ha comparecido". Cuatro mil francos de costas, 400 de multa, y el sursis con doce meses de plazo. Lo más llamativo del caso: quien detectó el fraude no fue ningún organismo público. Fue la aseguradora privada que miró los papeles con más detenimiento del que él esperaba. Aquí eso pasa.