Si llegaste a Suiza pensando que el agua nunca iba a ser un tema aquí, este verano te da un argumento en contra. Desde hace semanas, varios municipios de Suiza romanda han prohibido el riego de jardines, el lavado de vehículos y el llenado de piscinas privadas. Morges (Vaud) es uno de los más conocidos, pero no es el único. En algunas comunas, el servicio de aguas ha emitido restricciones hasta nuevo aviso. Y esto no es una recomendación: es una prohibición con multa.
El problema de fondo es serio. Desde la primavera de 2026, el Plateau suizo acumula meses con precipitaciones muy por debajo de la media. Entre el 1 de abril y finales de junio cayeron unos 185 milímetros de lluvia en el conjunto del país, aproximadamente la mitad de lo normal para ese período. Los ríos están en niveles históricamente bajos, los suelos están secos y las aguas subterráneas han descendido de forma notable. La Confederación activó en junio el nivel de alerta máximo del sistema nacional de vigilancia de sequía, que existe desde 2025. El Lago de Constanza, el de Walenstadt y otros estaban muy por debajo de su nivel habitual para la época.
Lo que llama la atención a muchos españoles que viven aquí es la contradicción aparente: estamos en el país con 1.500 lagos, glaciares en los Alpes y fuentes en cada plaza de pueblo. Y en agosto de 2026, hay comunas que te pueden multar por regar el jardín. Pero en Suiza estas cosas funcionan así: el agua es un recurso de gestión cantonal y municipal, y cuando un ayuntamiento emite una restricción, se aplica. Lo que cambia con la sequía es que ese sistema de gestión, que normalmente pasa desapercibido, de repente se hace visible para todos.