Desde hace unos días, el cantón de Basilea-Ciudad está gestionando un brote inusual de legionelosis. Hasta ahora, 26 personas han dado positivo, 25 han sido hospitalizadas, siete de ellas en cuidados intensivos, y una ha fallecido. No es un brote de los que se producen por descuido en una instalación puntual: la fuente está en las torres de refrigeración de un edificio de oficinas en el barrio de Kleinbasel, en la Rebgasse. Cuando esas torres están contaminadas, los aerosoles que emiten se dispersan por el aire según el viento. Las personas que viven o trabajan en los alrededores los inhalan sin saberlo.
La bacteria de la legionela es bastante conocida en el ámbito sanitario, pero mucha gente no sabe que respirarla en concentración suficiente puede acabar en una neumonía grave. Hay dos formas: la fiebre de Pontiac, que es más leve y se parece a una gripe, y la enfermedad del legionario, que puede llevar a fiebre de 40 grados, tos fuerte y dolor torácico. Beber agua contaminada no supone riesgo. El problema es inhalar el vapor.
Las autoridades cantonales han desconectado dos instalaciones del edificio y están revisando el resto. De las diez analizadas, ocho presentaban concentraciones por encima de los valores de referencia. Si tienes síntomas respiratorios y vives cerca del barrio de Kleinbasel, el médico cantonal recomienda consultar a un médico sin esperar.
Lo que llama la atención de este caso es que las torres de refrigeración de edificios de oficinas son instalaciones que muy poca gente tiene en la cabeza cuando piensa en posibles fuentes de contagio. Nadie las ve, están en los tejados, y si no hay un control sistemático de la concentración bacteriana, el problema puede pasar desapercibido durante semanas.