En Orges, un municipio vaudois de 425 habitantes, hay un enemigo silencioso que lleva años fastidiando el alumbrado público. No es una avería técnica, ni un problema de suministro eléctrico. Son hormigas.
Resulta que estos insectos, atraídos por el calor que emiten los sistemas de iluminación, se meten dentro de las farolas, construyen sus nidos, transportan arena por las galerías y al final consiguen que los componentes eléctricos dejen de funcionar. La commune de Orges lo descubrió a base de llamar al electricista dos o tres veces al año preguntándose qué estaba pasando.
Según la conservadora del Musée cantonal des sciences naturelles de Lausanne, las instalaciones eléctricas emiten exactamente el tipo de calor que las hormigas buscan para crear un ambiente similar al de su hormiguero natural. Y los pequeños orificios de acceso son perfectos para entrar y construir. El municipio gasta unos pocos cientos de francos al año en reparaciones. No es una tragedia, pero es uno de esos problemas que nadie había previsto y que la ciencia tiene que venir a explicar.
20min.ch lo publicó el 27 de julio. No sé qué me parece más suizo: que el problema sean las hormigas, que alguien haya investigado seriamente por qué, o que la respuesta venga de un museo cantonal de ciencias naturales.