El incendio que devora la Gironde desde hace días lleva más de 22.000 hectáreas consumidas y más de 220.000 personas evacuadas. Es el peor en décadas en esa zona. Y desde el sábado hay 34 bomberos suizos metidos de lleno: 23 de Ginebra, 8 de Vaud, 2 de Neuchâtel y un Haut-Savoyard. Salieron en convoy con once vehículos y nada más llegar ya los mandaron a trabajar. A la 1 de la madrugada, el contingente entero estaba desplegado en Cestas, a las afueras de Burdeos, protegiendo un gran parque de paneles solares que estaba en el camino del fuego. Trabajaron hasta las 6 de la mañana. Gran parte del parque se salvó.
El portavoz del GSIS, el organismo que coordina los servicios de emergencia en Suiza, dijo algo que resume bien el tono de la misión: "No vamos para uno o dos días. Vamos al menos para una semana". Francia activó el mecanismo europeo de protección civil y la respuesta llegó en horas. No es un gesto político. Es gente real que coge un vehículo, conduce 600 kilómetros y se planta en medio de un incendio que lleva días siendo imposible de contener.
Si vienes de España o tienes familia allí, las imágenes de la Gironde no te resultan del todo desconocidas. Los veranos del sur de Europa llevan años siendo así. Lo que puede sorprender es ver que Suiza manda medios a ese tipo de situación sin que nadie lo discuta demasiado. El vecino tiene fuego, se va. La federación también está valorando el envío de cuatro helicópteros adicionales que ha pedido Francia.