No es exageración. Es el dato publicado esta semana por la Société suisse de l'industrie du gaz et de l'eau (SSIGE), que estima que el 12% del agua que circula por las redes suizas se pierde por fugas antes de llegar a los hogares. La red tiene unos 90.000 km de tuberías, muchas instaladas en los años 50 y 60 del siglo pasado.
En algunas regiones la pérdida supera el 30%. Y el coste de renovar toda esa infraestructura se estima en torno a los 110.000 millones de francos. Es una cifra que explica por qué nadie lo ha hecho todavía.
Para contextualizar: la media europea está alrededor del 25%, así que Suiza no es el peor caso. Pero 900 millones de litros siguen siendo 900 millones de litros al día. En un país que se vende como modelo de gestión sostenible y que exporta agua embotellada, el dato tiene una cierta ironía que no pasa desapercibida.