Liliane tiene 98 años y vive en el distrito de Morges, en el cantón de Vaud. A principios de abril recibió una llamada de alguien que se hacía pasar por empleado de banco: había un movimiento sospechoso en su cuenta, que iban a enviarle un policía a recoger su tarjeta. El cuento de siempre.
Lo que el estafador no calculó es que Liliane había leído los periódicos. Sabía perfectamente de qué iba. Colgó, llamó a su vecino —que resulta ser gendarme— y luego se puso a "buscar" la tarjeta por los cajones, haciéndose la despistada para ganar tiempo. Cuando el falso policía llegó a su puerta, el vecino ya estaba esperando. El tipo fue inmovilizado hasta que llegó una patrulla.
"No tengo ningún mérito, nos han avisado tanto en los periódicos de estos falsos policías", dijo después. Con 98 años y más cabeza que muchos.
La historia de Liliane es bonita, pero los números de fondo son inquietantes: en 2025, solo en el cantón de Vaud, se registraron 936 casos de esta estafa. Un millón cuatrocientos mil francos en daños. Y la mayoría de las víctimas no llamaron a ningún vecino. Si tienes familiares mayores en Suiza, la regla es simple: ni la policía ni el banco llaman para pedirte que entregues tu tarjeta. Nunca. El que llama para hacer eso es siempre un estafador.