Hay una generación de jóvenes en Suiza, hijos de españoles que llegaron hace quince o veinte años, que han crecido aquí desde pequeños, han ido al cole aquí, tienen sus amigos aquí, hablan alemán o francés sin acento extranjero. Y sin embargo, cada vez que vuelven a España a visitar a los abuelos o al pueblo de verano, en algún momento de la conversación sale lo mismo: "claro, vosotros los suizos." Y se quedan un momento procesando si eso va en serio.
No es una crítica, es simplemente una descripción de lo que es. Estos chicos y chicas han crecido con dos mundos dentro al mismo tiempo. Los padres les hablan en español en casa, les ponen la selección cuando hay partido, les llevan a las fiestas del pueblo cuando hay vacaciones. Pero el día a día, las referencias reales, los amigos del colegio, las bromas que entienden sin que nadie se las explique, todo eso es suizo. Y hay un momento, que suele llegar cuando tienen unos quince o dieciséis años, en que ya no saben muy bien en qué columna poner su nombre.
Lo interesante es que la segunda generación, en general, no lo vive como un drama. Lo normaliza bastante rápido. Se sienten más suizos que sus padres, y también más españoles que sus compañeros de clase que nunca han pisado otro país. No es una contradicción, es simplemente ser de aquí y de allá a la vez. La cosa es que nadie les ha dado un manual para eso, y a veces tienen que explicar esa doble pertenencia en contextos donde nadie entiende bien de qué están hablando.
Según el OFS, más de 80.000 personas nacidas en España residen actualmente en Suiza. Una parte importante lleva más de quince años aquí. Sus hijos tienen entre diez y treinta años ahora mismo. Es una generación silenciosa que ya no va a "volver a España" porque, para muchos de ellos, España es el sitio al que van de vacaciones.