En Suiza, no ir a la universidad no es fracasar. Es, en muchos casos, lo más inteligente que puedes hacer.

En España la narrativa es bastante clara desde pequeño: bachillerato, selectividad, universidad. Si no vas por ese camino, algo ha salido mal. La…

En España la narrativa es bastante clara desde pequeño: bachillerato, selectividad, universidad. Si no vas por ese camino, algo ha salido mal. La formación profesional existe, pero culturalmente nunca ha tenido el mismo estatus. El mensaje implícito siempre ha sido que la FP era para los que no daban para más.

En Suiza funciona de otra manera. Aproximadamente dos tercios de los jóvenes suizos eligen el aprendizaje, la formación dual que mezcla escuela y empresa durante dos, tres o cuatro años según el oficio. Al terminar obtienen un certificado federal (CFC o AFC), que no es un título de segunda categoría: es una credencial reconocida en todo el mercado laboral, bien remunerada, y que permite continuar estudiando si se quiere a través de la Berufsmatura. Hay aprendices que al cabo de unos años ganan más que universitarios recién graduados.

El sistema funciona porque está construido con las empresas desde dentro. Los aprendices cobran desde el primer año, trabajan en condiciones reales y aprenden exactamente donde luego van a trabajar. Las empresas participan porque les conviene, no por filantropía.

Lo que desconcierta a muchos españoles es la reacción de los suizos cuando les cuentas que tu hijo ha elegido el aprendizaje en lugar de ir a la universidad. No hay ninguna lástima en la respuesta. Porque aquí nadie asume que ese sea el camino inferior. Y eso cuesta un tiempo acostumbrarse.