En Suiza, el dentista no lo cubre la caja. Esto lo descubre mucha gente demasiado tarde.

La LAMal, el seguro médico obligatorio suizo, cubre muchísimas cosas: consultas, hospitalización, medicamentos, urgencias, fisioterapia en ciertos…

La LAMal, el seguro médico obligatorio suizo, cubre muchísimas cosas: consultas, hospitalización, medicamentos, urgencias, fisioterapia en ciertos casos. Pero hay una excepción que nadie te menciona cuando llegas: los dientes no están incluidos. Ni las revisiones anuales, ni los empastes, ni los tratamientos de conducto, ni las ortodoncias. La boca, por defecto, va por tu cuenta.

La única excepción son los tratamientos dentales derivados de un accidente, de ciertas enfermedades graves o, de forma muy limitada, para menores con malformaciones. El mantenimiento habitual y los problemas corrientes simplemente no entran en la cobertura básica.

Para cubrirlo existe el seguro dental complementario (Zusatzversicherung), que se contrata de forma separada y voluntaria. El problema es que hay que hacerlo antes de que aparezcan problemas: si ya tienes caries o tratamientos pendientes, la aseguradora te excluye esa prestación o directamente te rechaza. Y las tarifas de los dentistas suizos están entre las más altas de Europa.

La gente que llega de España viene acostumbrada a dentistas bastante accesibles. La primera factura suiza por algo que habría costado 80 o 100 euros en Madrid puede llegar fácilmente a 400 o 600 francos. La teoría de la cobertura universal es muy bonita hasta que abres la boca.