El miércoles 27 de mayo, los médicos de la clínica psiquiátrica integrada de Winterthur (IWP) evaluaron a Nesip D., un hombre de 31 años, ciudadano suizo de origen turco, con antecedentes en el entorno islamista. Conclusión oficial del médico de guardia: "ni peligroso para sí mismo ni para terceros". Lo dieron de alta ese mismo día.
Al día siguiente, a las 8h28, Nesip D. acuchilló a tres hombres en la estación de Winterthur. Uno de ellos resultó gravemente herido. La policía lo detuvo cinco minutos después. El director de seguridad del cantón de Zúrich, Mario Fehr, habló sin rodeos: "hablo deliberadamente de acto terrorista". El hombre gritó "Allahu Akbar" durante el ataque y pasó corriendo junto a un grupo de niños en edad escolar.
Los datos de fondo no eran desconocidos: en 2015 ya había sido denunciado por violar la prohibición del Estado Islámico, después de difundir propaganda de ISIS. En 2018, otra denuncia por pelea. El 25 de mayo, la policía lo recogió por comportamiento errático y lo llevó a urgencias psiquiátricas. Lo liberaron dos días después. La clínica ha anunciado una investigación interna sobre cómo se tomó esa decisión.
Esto plantea preguntas incómodas sobre cómo funciona el sistema cuando confluyen radicalización y enfermedad mental. En Suiza, como en otros países, la psiquiatría de urgencia trabaja con criterios clínicos estrictos: la detención prolongada sin riesgo claro tiene límites legales. Pero cuando el historial de una persona incluye propaganda terrorista, comportamiento disruptivo reciente y antecedentes islamistas conocidos, la evaluación de "no parece peligroso" tiene un peso muy distinto. La investigación de la IWP tendrá que explicar qué se evaluó y qué se pasó por alto.