La primera vez que entras a una farmacia suiza y pides algo de lo más normal, algo no funciona como esperabas

La farmacia española y la farmacia suiza se parecen solo en el exterior. Mismo letrero verde, misma distribución, misma sensación de que puedes…

La farmacia española y la farmacia suiza se parecen solo en el exterior. Mismo letrero verde, misma distribución, misma sensación de que puedes entrar a por lo que necesites. Pero en cuanto empiezas a pedir, las diferencias aparecen. En España estás acostumbrado a entrar, pedir lo que necesitas y salir en dos minutos. En Suiza ese mismo recorrido puede terminar con el farmacéutico explicándote que eso necesita receta, o con la caja marcando un precio que no esperabas.

Muchos medicamentos que en España se venden sin receta requieren aquí prescripción médica. No es capricho: la regulación suiza es simplemente más restrictiva. Ciertos antibióticos, antiinflamatorios fuertes, algunos antigripales, medicamentos con codeína. Lo que comprabas sin pensarlo en la farmacia de tu barrio puede requerir aquí una visita al médico primero, que dependiendo del cantón y de si tienes médico de cabecera cuesta entre 20 y 60 francos, más la espera. Y los precios tampoco acompañan: un paracetamol de 40 comprimidos ronda los 8-12 francos, una caja de ibuprofeno algo similar.

Dicho esto, hay cosas que conviene saber para no pagar de más. El seguro básico (LAMal) cubre los medicamentos incluidos en la lista oficial de especialidades, pero solo después de agotar la franquicia anual, que como mínimo son 300 francos, y con un copago del 10 % por encima. Lo que se vende sin receta nunca lo cubre la LAMal. Lo que cubre, hay una forma de reducir el coste: el farmacéutico está obligado por ley a ofrecerte el medicamento genérico más barato equivalente, salvo que el médico haya indicado expresamente lo contrario. Si no te lo ofrecen, puedes pedirlo tú directamente. Muchos no lo saben y pagan el original sin ninguna necesidad.