Hay una situación que muchas personas en este grupo conocen de primera mano, aunque nadie la cuente exactamente igual. Llevas años en Suiza. Sabes cómo funciona el reciclaje, conoces los horarios de silencio, ya no te llama la atención que el vecino te llame para decirte que la lavadora suena demasiado a las 20h30. Te has adaptado. Y entonces vuelves a España de vacaciones, o piensas seriamente en volver a vivir allí, y algo no termina de cuadrar.
Es exactamente lo que describe el caso de Manuel y Maribel, una pareja gallega que pasó cuarenta años en Berna. Al volver definitivamente a Galicia descubrieron que cuatro décadas de ausencia pesan. "Al final éramos extranjeros en Suiza y extranjeros en España", cuenta Manuel. En Suiza los llamaban "los españoles". En España, "los suizos". No es un caso excepcional: es lo que le acaba pasando a la mayoría de quien lleva más de quince o veinte años fuera. El país que recuerdas ha seguido moviéndose mientras tú no estabas, tus amigos tienen otra vida, las referencias ya no son las mismas, y tú llevas años con unos hábitos que allí nadie comprende del todo.
Actualmente hay unos 86.000 españoles residiendo en Suiza. La primera generación, la de los años 60 y 70, ya está jubilada o cerca. Muchos piensan en el regreso. Algunos vuelven y se reintegran sin problemas. Otros descubren que la vuelta es más complicada de lo que esperaban, sobre todo si los hijos se quedaron en Suiza o si llevan demasiados años sin vivir el día a día de España. No es un fracaso ni una tragedia. Es simplemente lo que ocurre cuando vives suficientes años en un lugar diferente al de origen: las raíces se dividen, y eso tiene sus consecuencias.