Más o menos. Depende del animal, del cantón y de lo que diga exactamente la cláusula. Porque Suiza tiene una jurisprudencia bastante trabajada sobre esto, y la situación real es considerablemente más matizada de lo que muchos propietarios dan a entender cuando te mandan el contrato.
Para animales pequeños que no producen ningún daño verificable, la prohibición general no se sostiene legalmente. Un hámster, un pájaro en jaula, peces en pecera: los tribunales suizos han dejado claro de forma bastante consistente que prohibirlos de entrada, cuando no causan perjuicio real al inmueble ni molestias a los vecinos, excede lo que permite la ley de arrendamiento. Así que aunque el contrato diga "animales prohibidos", ese punto no se aplica sin matices.
Los perros y los gatos son otra categoría. Ahí el propietario tiene un margen real. Si la cláusula prohíbe expresamente animales de compañía o exige autorización previa, hay que pedirla por escrito. Algunos cantones romandos tienen una jurisprudencia que tiende hacia la permisividad cuando el animal es tranquilo y el piso tiene acceso exterior, pero eso no es la norma federal y hay diferencias de cantón a cantón.
Lo que sí es constante es lo que pasa al salir: si tuviste un animal sin autorización, el propietario puede reclamar gastos de limpieza profunda, tratamiento de moquetas o alfombras, o cualquier daño atribuible al animal, directamente desde la caución. Hay gente que lo descubre en el momento de la devolución, que es el peor momento para descubrir cualquier cosa relacionada con el alquiler en Suiza.