El lunes por la noche, alguien depositó una niña recién nacida en la caja de bebé del hospital Bethesda de Basilea. La niña está bien. Está bajo cuidado médico, y la autoridad de protección del menor ha designado ya un representante legal para ella. Es el quinto bebé depositado en esa caja desde que abrió en 2015.
En Suiza existen ocho de estas instalaciones, repartidas entre Basilea, Bellinzona, Berna, Davos, Olten, Sion, Zollikerberg y Schwyz. Son espacios térmicos con alarma instalados en hospitales, donde una madre que se encuentra sin salida puede dejar a su bebé sin ser identificada, sin consecuencias penales, y con la certeza de que el niño recibirá atención inmediata. Desde la primera, que abrió en Einsiedeln en 2001, 32 bebés han pasado por alguna de ellas en veinticinco años.
Cuando ocurre, la KESB, la autoridad cantonal de protección de la infancia y del adulto, se hace cargo del proceso: representación legal, acogida temporal y orientación hacia adopción si la madre no reaparece en el plazo establecido. La madre nunca es buscada activamente. El sistema existe exactamente para eso.
La mayoría de la gente que lleva años en Suiza no sabe que esto existe. Y en muchos otros países, directamente no existe. Es el tipo de dispositivo que Suiza tiene funcionando discretamente desde hace un cuarto de siglo sin anunciarlo con carteles.