Una chica de 18 años se muda de piso. El correo sigue llegando a casa de sus padres y nadie lo abre. Las multas del CFF se acumulan sin que ella lo sepa. Un día le dicen que tiene que ir a prisión seis días. Llega al centro penitenciario y descubren más multas pendientes: los seis días se convierten en doce. Eso es lo que ocurrió en la vida real de Carmela, hoy de 33 años. Quince años después, dice que fue como encontrarse de repente en un mundo completamente diferente, cortada del exterior de un día para otro.
En 2024, más de uno de cada dos ingresos en prisión en Suiza fue por penas sustitutivas de multas impagadas. No por delitos graves. Por multas. El cantón de Berna, con las prisiones al 103% de ocupación, está pidiendo ahora que esas penas puedan cumplirse como trabajo de interés general. Lo cual dice bastante de cómo está la situación.
El mecanismo es el siguiente: si te controlan sin billete, recibes una multa del CFF. Si no la pagas, el asunto pasa al juzgado y se convierte en una pena de multa de derecho penal. Si tampoco pagas eso, el juez emite una pena sustitutiva de privación de libertad. Y en Suiza, esa pena se ejecuta. No hay muchos avisos adicionales. El correo llega, y si no lo abres o no has actualizado tu dirección oficial, el proceso sigue avanzando de todos modos.
Lo que llama la atención en estos testimonios no es solo la severidad de la consecuencia sino lo fácil que es caer en esa situación sin haberse dado cuenta de que las cosas empeoraron. Cambiar de piso sin actualizar la dirección registrada, ignorar una multa pensando que ya se resolverá sola. En Suiza eso tiene una trayectoria bastante previsible.